El principito, Jun y yo
Ayer volví a nuestro lugar, a nuestro rincón en el mundo. El árbol sigue ahí, intacto, creció bastante, eso sí. El arroyo también sigue ahí. Y nuestra amistad también, van a creerme loco, pero la puedo sentir. Volver me hizo recordar y recordar me hizo querer contar una historia.
Un jueves lluvioso Jun entró al aula, era nueva en la escuela, y venía de la ciudad. No tardamos en hacernos amigos, pues su nueva casa estaba a solo unos cuantos pasos de la mía, así que volvíamos juntos de la escuela. A veces me quedaba a comer con su familia, su papá era un hombre canoso y muy divertido, era profesor de chino en el secundario de nuestra escuela y le gustaba escribir poesía. Su casa estaba repleta de libros y yo, que era bastante curioso, me divertía leyendo los títulos y observando las tapas. Un día encontré uno que llamó mi atención y le pregunté a mi amiga de qué se trataba.
-Es “El Principito”- me dijo- el mejor libro del mundo. Papá me lo regaló cuando cumplí ocho años y todas las noches, antes de dormir, se acomodaba en el sillón de mi habitación y me leía. Ese era el mejor momento del día.”
Al día siguiente, después de clases, Jun me llevó a nuestro lugar. Pero claro, aún no lo era; que se vuelva nuestro lugar requirió tiempo. Caminamos un largo rato pero valió la pena; había un arroyo, y junto a él, un hermoso Ginko, con las hojas más amarillas del mundo. “Traje El Principito” me dijo con una sonrisa. Cada vez que teníamos oportunidad, caminábamos hasta ahí y nos acomodábamos bajo el árbol a leer.
Hay una parte del libro en la que el principito conoce a un zorro y dice así:
-Ven a jugar conmigo -le propuso el principito-. ¡Estoy tan triste!...
-No puedo jugar contigo -dijo el zorro-. No estoy domesticado.
-¡Ah! Perdón -dijo el principito.
Pero, después de reflexionar, agregó:
-¿Qué significa “domesticar”?
-Significa “crear lazos”.
-¿Crear lazos?
-Sí -dijo el zorro-. Para mí no eres todavía más que un muchachito semejante a cien mil muchachitos. Y no te necesito. Y tú tampoco me necesitas. No soy para ti más que un zorro semejante a cien mil zorros. Pero, si me domesticas, tendremos necesidad el uno del otro. Serás para mí único en el mundo. Seré para ti único en el mundo...
Cito esta parte porque era la que más le gustaba a Jun. Después de leerla ella me dijo: “yo te domestiqué y ahora vos sos como mi zorro, ¿sabías? O quizá yo soy el zorro y vos sos mi principito” Yo era feliz siendo su principito.
Un día todo cambió. No en nuestra amistad, sino en nuestro país. El señor Mao llegó al poder y prohibió todos los libros. Mis papás estaban de acuerdo con lo que este hombre proponía y todas las mañanas debíamos pararnos frente a su retrato y desearle una vida larga, larga.
La última vez que fuí a comer a lo de Jun ella me contó que su familia estaba en peligro ya que su papá era un profesor y se lo consideraba un “burgués”. No entendí a qué se refería y le pregunté por qué era malo ser un “burgués” y ella me respondió: “mi papá me dijo que al señor Mao no le gusta la gente que no piensa como él”. Se ve que mi mamá estaba enterada de esto, porque días más tarde me dijo que no quería que volviese a esa casa.
La siguiente semana hubo una gran quema de libros en la calle principal. Allí estaba Jun con su familia, arrojando al fuego muchos de sus tesoros, pero yo sabía muy bien que esos no eran todos. Cuando hablé con ella luego de la escuela, me dijo en voz baja que habían escondido unos cuantos en el armario, en el fondo de los cajones. Y claro, nuestro querido Principito bajo el colchón. Me preguntó si íbamos a continuar con la lectura bajo el Ginko y yo le dije que si. Así, cuando encontrábamos el momento, hacíamos la caminata hacia nuestro rincón. Pero no duró mucho; mamá me había preguntado a donde iba luego de la escuela y no había sabido qué responderle. Después de eso, a Jun la veía nada más que en el aula y en la vuelta a casa. El mundo se había vuelto gris. Bueno, gris y rojo; el pueblo estaba lleno de propagandas del presidente y su revolución.
Pasaron así varias semanas y nuestro mundo se volvía cada vez más violento. La Guardia Roja humillaba, torturaba y mataba personas en la calle, en la escuela o en la plaza principal. Y detenían a gente que pasaba caminando para que citara frases del Libro Rojo. Yo tenía mucho miedo, pero a mi nada podía pasarme; mi familia era gran seguidora de Mao.
Un día bien caluroso, un viernes bastante amarillo, durante un recreo, Jun metió El Principito en mi mochila. En la primera página estaba escrito: “mañana a las nueve en nuestro lugar secreto. escondelo bien, es tuyo ahora. firma, jun”. Así que al otro día, más fresco y más azul que el anterior, agarré mi mochila, metí el libro adentro y partí. El Ginko se encontraba exactamente igual que la última vez que habíamos estado allí. Me acomodé, apoyándome en su tronco, y esperé. Ese día fue un día triste. Jun nunca llegó.
“Si vienes, por ejemplo, a las cuatro de la tarde, comenzaré a ser feliz desde las tres”.
Valoración
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2
puntos
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1
punto
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0
puntos
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Total
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Ideas y contenido
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Hay ideas potentes y un mensaje claro, enriquecido con detalles que
no solo aportan información sino también atraen al lector y lo invitan a una
lectura sensible.
El contenido resulta personal y se reconoce en él un intento de
originalidad.
Es clara y significativa la relación con la imagen que lo origina.
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Hay ideas potentes y un mensaje claro, sin embargo, los detalles solo
aportan información y no atraen al
lector ni lo invitan a una lectura sensible.
El contenido resulta poco personal y no se reconoce en él un intento
de originalidad.
Es clara y significativa la relación con la imagen que lo origina.
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Hay ideas contradictorias o sin desarrollar y el mensaje no es claro.
Los detalles solo aportan información y no
atraen al lector ni lo invitan a una lectura sensible.
El contenido resulta poco personal y no se reconoce en él un intento
de originalidad.
La relación con la imagen que lo origina no es significativa o es
inexistente.
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1.50
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Organización
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La estructura interna del texto escrito, el hilo que conduce el
significado central, el encadenamiento de
las ideas y los hechos se suceden lógicamente y la información se da
en las dosis correctas y en el momento adecuado para que quien lee el texto
nunca pierde interés. Las conexiones son fuertes, es decir que los puentes de una idea a la
siguiente son coherentes. El texto se cierra con un sentido de la resolución,
atando cabos sueltos, para un cierre
satisfactorio,
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La estructura interna del texto escrito, el hilo que conduce el
significado central, el encadenamiento de
las ideas y los hechos no
siempre se suceden lógicamente. Hay información innecesaria o se
sobreentiende información, de modo que
quien lee el texto pierde interés. Las
conexiones no son fuertes, es decir
que los puentes de una idea a la siguiente no siempre son coherentes. El
texto se cierra con un sentido de la resolución, atando cabos sueltos, para un cierre satisfactorio,
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La estructura interna del texto escrito, el hilo que conduce el
significado central, el encadenamiento de
las ideas y los hechos no se suceden lógicamente. Hay información
innecesaria o se sobreentiende información, de modo que quien lee el texto pierde interés. Las conexiones no son
fuertes, es decir que los puentes de
una idea a la siguiente no siempre son coherentes. El texto se cierra sin un sentido
de la resolución, dejando cabos sueltos.
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1.50
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Voz:
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Logra construir una voz y un tono creíbles.
El punto de vista y la focalización son los adecuados.
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No logra construir una voz y un tono creíbles.
El punto de vista y la focalización son los adecuados.
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No logra construir una voz y un tono creíbles.
El punto de vista y la focalización no son los adecuados.
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2
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Elección de las palabras:
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La elección de las palabras exhibe el uso de un lenguaje y vocabulario
rico y preciso, que emociona y hace
pensar a quien lee el texto. No sólo se comunica de una manera funcional, sino
de un modo que conmueve.
Hay comprensión del uso particular del lenguaje que hace la ficción,
pues incluye algunos recursos y artificios literarios.
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La elección de las palabras exhibe el uso de un lenguaje y vocabulario
correcto pero que no emociona ni hace
pensar a quien lee el texto. Sólo se comunica de una manera funcional.
No hay comprensión del uso particular del lenguaje que hace la
ficción, pues no incluye algunos
recursos y artificios literarios.
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La elección de las palabras exhibe el uso de un lenguaje y vocabulario
escaso y repetitivo, a veces, erróneo. Se limita a un uso literal que no emociona ni hace pensar a quien lee el texto. Sólo se intenta
comunicar de una manera funcional, aunque no siempre se logra.
No hay comprensión del uso particular del lenguaje que hace la
ficción, pues no incluye algunos
recursos y artificios literarios.
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1.50
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Convenciones
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El texto se ha corregido y editado con cuidado, pues no presenta
errores en ortografía, párrafos, usos gramaticales, puntuación y mayúsculas.
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El texto se ha corregido y editado con relativo cuidado, pues
presenta algunos errores en ortografía, párrafos, usos gramaticales,
puntuación y mayúsculas.
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El texto no se ha corregido y editado con cuidado, pues presenta errores en ortografía, párrafos,
usos gramaticales, puntuación y mayúsculas.
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1
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Calificación Definitiva
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7.50
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Muy buen trabajo.
El relato del protagonista parece ser oral; entonces, la cita del libro está mal introducida. Debería recordarla de memoria y así indicarla y no como una transcripción. ¿A quién le cuenta su historia?
Rever algunos conectores, la construcción de algunas oraciones, el uso de algún término.

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