Me negaba a seguir padeciendo ese dolor innecesario. Me habían dicho que luego de un tiempo tu pie moría y dejabas de sentirlo pero eran solo mentiras, la tortura empezaba a formar parte de tu vida cotidiana. Empezó cuando tenía cinco años, en ese entonces solo era una niña, no tenía conciencia del futuro y menos de lo que esto implicaría. ¡Qué iba a saber yo lo que era el dolor! Solo hacia lo que mi madre (en ese entonces mi heroína) me decía. Padecí meses de una agonía que no me permitía moverme de la cama
- Estas tiras tienen que estar siempre apretadas –me habían dicho luego de romperme los cuatro dedos.–Si no, esto no va a funcionar.
Toqué mi pie, el saber que debajo de estas vendas se escondía un conjunto de piel mezclada con fluidos secos me producía angustia. ¿Por qué permití que esto le sucediera a mi cuerpo? Me puse mis zapatos y salí a la calle. Era de día, el último sol que iba a ver. Tenía que ser fuerte e ir a comprar las verduras para el almuerzo. Cada paso que hacía, generaba un escalofrío que recorría todo mi cuerpo. Respiraba profundo pero disimulado, ahogaba unas lágrimas mordiéndome el interior de la boca, no debía permitir que nadie notara mi dolor. Llegué al local. Dos escalones y ya estaba adentro. Cuatro pisadas, dos con cada pie. Abrí la puerta, el verdulero lucía más feliz de lo normal. Lo saludé, devolviéndole la misma sonrisa.
- ¿Escuchaste las nuevas? –agarró una bolsa de abajo. Le señalé las batatas. – ¡Mao Tse-Tung subió al poder y está cambiando las cosas! –se acercó a la verdura. -¿Cuántas?
- Que sean cuatro. –las metió en la bolsa. –Nada más.
- ¿No estás feliz? -volvió atrás del mostrador. Miré su pared y pude notar una bandera con una hoz y un martillo. Le pasé unas monedas y me entregó la bolsa.
- Sí que lo estoy. Nos vemos.
Ahora tocaba bajar las escaleras. Me agarré de la baranda y bajé, cuatro pisadas, dos con cada pie.
Realizaba el mismo trayecto que de ida, miré el cielo, hoy iba a ser una noche despejada, perfecta. Llegué a mi casa, espaciosa. Se escuchaba a mi madre trabajar. Fui hasta la cocina y puse a hervir las batatas. Me senté en una silla, me saqué los zapatos y retiré las vendas. Agarré el balde y remojé mis pies en agua tibia con un conjunto de hierbas. Los miré por un buen rato, observaba como ya no había uñas, los dedos se habían pegado a la planta, como la piel muerta quedaba pegada generando una nueva capa de piel. Pasé mi mano por el pulgar, duro como una roca, sin vida. Intenté moverlo, con toda mis fuerzas, quería que se moviera. Los escalofríos que se mandaban provocaron que mi piel se erice, los ojos me ardían por las lágrimas que querían salir pero no cedió ni un milímetro. Me rendí apoyándome en el respaldo de la silla. No comprendía como diez centímetros podían sostenerme.
- Ya llegaste. –mi mamá se acercó al cuenco de batatas. Tenía un cigarrillo prendido entre sus delicados dedos. Le miré los pies, pequeños, doce centímetros, todo un record para su edad. -¿De nuevo? ¿No sabes preparar otra cosa?
- No –balbucee
- Voy a tener que enseñarte. –se acomodó su vestido arrugado y observó mis pies.- Poneles de nuevo el vendaje, no me gusta verlos descubiertos. - Los saqué del remojo y me los sequé. Agarré unas nuevas ataduras y me las puse, apretándolas bien contra mi piel. –Hoy vino de nuevo. ¿Cuándo vas a responderle correctamente? Nadie tiene tanta suerte como vos, que venga un hombre a pedirte matrimonio. –fumó. –No vamos a poder cuidarte por más tiempo. O lo aceptas o te pones a trabajar conmigo. –y se retiró de la sala.
Toqué mi pie derecho, el dolor era más soportable que el de hace unos años. Me puse ambos zapatos y fui hasta mi cuarto para guardar.
Un estruendo inundó el silencio, seguido de varias pisadas. Cada una se escuchaba más cerca. El hombre que me engendró se asomó por el marco de la puerta. Era respetado por la comunidad, pero tenía mal carácter.
- ¿La cena? -preguntó
- Haciéndose
- ¿Tu madre?
- En su cuarto.
- ¿La respuesta para el vecino? –no respondí. –Te estoy hablando, Mei Hana. –lo miré a sus ojos, desafiante. –No puedo permitirme tener una mujer sobrante en esta familia. ¿Quieres traerle vergüenza a tu familia? No. –me observó con desprecio y se fue sin decir palabra.
Guardé un cambio de ropa en la mochila y la escondí debajo de un mueble. Debía evitar a toda costa que sospechen.
Cuando cayó la noche y mis padres se fueron a dormir, agarré mi pequeño bolso y me dirigí hasta la puerta. Lentamente, la abrí y, después, la cerré. Cada paso que daba me generaba un dolor en el pecho. Tenía que ir a la ciudad, tenía que huir, escapar de todo lo que me rodeaba. Empecé a caminar lo más rápido que podía, cuando daba un paso, el otro pie se acercaba a su compañero, copiaba el andar de un anciano.
Los pies ya me palpitaban del dolor. Todavía podía ver mi casa, debía de haber caminado cuatrocientos metros. Me senté en una roca, apoyé el bolso a mi lado y me saqué los zapatos. Las vendas estaban mojadas, se podían distinguir una leve mancha roja y otra amarillenta. No contuve las lágrimas y dejé que cayeran por mis mejillas. Me cubrí la cara con mis dos manos y lloré por el dolor que me provocaba mi cultura, los estándares de belleza, por el porqué hacia esto y el no ser valorada a menos que esté acompañada por un hombre. Lloré por mis dedos que ya no tenían vida y no permitían que corra y sienta el suave pasto. Lloré hasta quedar completamente vacía.
Sentí como un brillo me alumbraba. Levanté la vista y vi una flor flotando en una laguna. Era blanca como la luna y tenía un centro amarillo, parecía que levitaba sobre el agua, sostenida en el viento por sus verdes hojas. Me acerqué a ella y la toqué. En ese instante no sentí dolor, el viento se paró y una paz reino en mi interior. Sentí, por primera vez, que mi pie se movía y percibí la textura del vendaje sobre mi piel.
Un ronroneo interrumpió ese momento. Miré para el camino y noté dos vehículos verdes sin techo. Estaban llenos de personas con trajes militares. Cuando pasó uno por al lado mío, distinguí un brazalete rojo en su brazo derecho. El otro auto se detuvo y uno de ellos bajó.
- ¿Para dónde va? –preguntó
- Para… la ciudad –respondí.
-Nosotros la llevaremos.
Valoración
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2
puntos
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1
punto
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0
puntos
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Total
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Ideas y contenido
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Hay ideas potentes y un mensaje claro, enriquecido con detalles que
no solo aportan información sino también atraen al lector y lo invitan a una
lectura sensible.
El contenido resulta personal y se reconoce en él un intento de
originalidad.
Es clara y significativa la relación con la imagen que lo origina.
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Hay ideas potentes y un mensaje claro, sin embargo, los detalles solo
aportan información y no atraen al
lector ni lo invitan a una lectura sensible.
El contenido resulta poco personal y no se reconoce en él un intento
de originalidad.
Es clara y significativa la relación con la imagen que lo origina.
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Hay ideas contradictorias o sin desarrollar y el mensaje no es claro.
Los detalles solo aportan información y no
atraen al lector ni lo invitan a una lectura sensible.
El contenido resulta poco personal y no se reconoce en él un intento
de originalidad.
La relación con la imagen que lo origina no es significativa o es
inexistente.
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1.50
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Organización
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La estructura interna del texto escrito, el hilo que conduce el
significado central, el encadenamiento de
las ideas y los hechos se suceden lógicamente y la información se da
en las dosis correctas y en el momento adecuado para que quien lee el texto
nunca pierde interés. Las conexiones son fuertes, es decir que los puentes de una idea a la
siguiente son coherentes. El texto se cierra con un sentido de la resolución,
atando cabos sueltos, para un cierre
satisfactorio,
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La estructura interna del texto escrito, el hilo que conduce el
significado central, el encadenamiento de
las ideas y los hechos no
siempre se suceden lógicamente. Hay información innecesaria o se
sobreentiende información, de modo que
quien lee el texto pierde interés. Las
conexiones no son fuertes, es decir
que los puentes de una idea a la siguiente no siempre son coherentes. El
texto se cierra con un sentido de la resolución, atando cabos sueltos, para un cierre satisfactorio,
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La estructura interna del texto escrito, el hilo que conduce el
significado central, el encadenamiento de
las ideas y los hechos no se suceden lógicamente. Hay información
innecesaria o se sobreentiende información, de modo que quien lee el texto pierde interés. Las conexiones no son
fuertes, es decir que los puentes de
una idea a la siguiente no siempre son coherentes. El texto se cierra sin un sentido
de la resolución, dejando cabos sueltos.
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1
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Voz:
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Logra construir una voz y un tono creíbles.
El punto de vista y la focalización son los adecuados.
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No logra construir una voz y un tono creíbles.
El punto de vista y la focalización son los adecuados.
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No logra construir una voz y un tono creíbles.
El punto de vista y la focalización no son los adecuados.
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2
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Elección de las palabras:
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La elección de las palabras exhibe el uso de un lenguaje y vocabulario
rico y preciso, que emociona y hace
pensar a quien lee el texto. No sólo se comunica de una manera funcional, sino
de un modo que conmueve.
Hay comprensión del uso particular del lenguaje que hace la ficción,
pues incluye algunos recursos y artificios literarios.
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La elección de las palabras exhibe el uso de un lenguaje y vocabulario
correcto pero que no emociona ni hace
pensar a quien lee el texto. Sólo se comunica de una manera funcional.
No hay comprensión del uso particular del lenguaje que hace la
ficción, pues no incluye algunos
recursos y artificios literarios.
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La elección de las palabras exhibe el uso de un lenguaje y vocabulario
escaso y repetitivo, a veces, erróneo. Se limita a un uso literal que no emociona ni hace pensar a quien lee el texto. Sólo se intenta
comunicar de una manera funcional, aunque no siempre se logra.
No hay comprensión del uso particular del lenguaje que hace la
ficción, pues no incluye algunos
recursos y artificios literarios.
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1.50
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Convenciones
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El texto se ha corregido y editado con cuidado, pues no presenta
errores en ortografía, párrafos, usos gramaticales, puntuación y mayúsculas.
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El texto se ha corregido y editado con relativo cuidado, pues
presenta algunos errores en ortografía, párrafos, usos gramaticales,
puntuación y mayúsculas.
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El texto no se ha corregido y editado con cuidado, pues presenta errores en ortografía, párrafos,
usos gramaticales, puntuación y mayúsculas.
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1
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Calificación Definitiva
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7
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Escribís un buen relato, que podría ser excelente si tenés tiempo y ganas de volver sobre él, ya que habría que elaborar un poco más sobre la estructura: la elección de un encadenamiento no lineal es muy buena pero no resulta clar a la diferencia entre distintos momentos.
con una idea sencilla,
Construis un personaje interesante y conmovedor. En el final, desconcierta la presencia de los guardias y su oferta, después de la imagen de la flor. Resulta confusa esta sucesión de hechos y se diluye el personaje. ¿No estaba en la ciudad?
Rever puntuación, construcción de algunas oraciones y párrafos, uso de tiempos verbales.

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