Laan
era una mujer de carácter fuerte, pero de modales dulces y tranquilos. De joven
su curiosidad la había llevado a leer gran cantidad de libros que conservaba en
su memoria casi con registro fotográfico. Así es que muchas de las frases y los
diálogos de los personajes que aparecían en cada una de las historias, podía
reproducirlos textualmente. En esos fragmentos encontraba libertad para pensar
y construir sus propias ideas acerca del mundo. Debe ser por eso que cuando le
tocó vivir los tiempos de opresión, cuando Mao había prohibido toda lectura que
fuera diferente al Libro Rojo, una de sus más grandes preocupaciones era que
sus nietas, Nuo y Shui, no tuvieran acceso a la belleza de todos esos textos.
Sabiendo que ya no eran objetos que pudieran conservarse en la casa porque
resultaba peligroso, un día decidió envolverlos cuidadosamente protegidos por
un plástico y guardarlos en un cofre de madera que luego enterró bajo las
raíces del cerezo que ocupaba el fondo del jardín de su casa. Al regresar a la
sala se sentó a mirar el cerezo por la ventana. Por un momento se le ocurrió la
loca idea de que los personajes y las historias podrían entrar por las raíces,
trepar por el tronco y acomodarse en las flores rosas que adornaban la copa del
árbol cada primavera. En el interior de la casa, volvió a ver la realidad y sus
ojos se cruzaron con un cuadro que colgaba en la pared. La lámina reproducía la
imagen de una mujer virtuosa y refinada, obediente y silenciosa. Tal como se
esperaba que fuera una mujer en esa época, ocupada principalmente de los
asuntos familiares. Una mujer sentada en un banco de piedra con un libro en sus
manos. Se imaginó por un momento todo lo que esa mujer, más allá de su aspecto
exterior, podía contener en su alma y en su mente. Todo lo que ese libro podía
transmitirle. Todas las ideas que, a partir de lo que veía en ese papel, se le
armaban en su cabeza y que nadie podría, aunque quisiera, quitárselas. En ese
momento, con esa mezcla de ideas, imágenes y sensaciones se le ocurrió una
salida para resolver su preocupación.
Todas las tardes, Nuo y Shui, disfrutaban visitando
a su abuela y compartiendo largos ratos de conversación en el jardín. Así también
la abuela les transmitía enseñanzas para ser buenas niñas, cosas que ellas
recibían con mucha alegría y afecto. Les gustaba, por ejemplo, que les
cepillara el cabello y armara peinados con pequeñas flores que los hacían ver
aún más bonitos.
De manera cómplice se pusieron de acuerdo en
guardar este secreto: cada tarde que llegaban a la casa de la abuela y
encontraban el cuadro colgado sobre la puerta que daba al jardín, se dirigían
debajo del cerezo. Allí la abuela las esperaba y ellas se sentaban cómodas a su
lado sobre unos almohadones que colocaban en el piso.
En esos ratos Laan comenzaba a relatarles los
cuentos, las largas historias o las aventuras vividas por todos los personajes
que guardaba en su cabeza. Les contaba con detalles, describiendo escenarios,
deteniéndose en las características personales y poniendo más entusiasmo
todavía en la narración de los conflictos que enfrentaban todas esas personas.
Generalmente, cuando la historia se terminaba, las tres mujeres se quedaban
bajo el árbol comentando los relatos y los sentimientos de los hombres y
mujeres que los habían vivido, mientras la abuela peinaba a sus dos nietas y
les adornaba la cabeza con las flores rosas que retiraba del cerezo.
Esa escena se reprodujo una y otra vez, tarde
tras tarde, cuento más cuento, mientras las niñas iban creciendo en edad, en
tamaño, en imaginación y en ideas de libertad que se fueron desarrollando
debajo de esas flores de cerezo, en sus mentes jóvenes.
Los años pasaron, las niñas se convirtieron en
mujeres, el cerezo floreció y se marchitó siguiendo el paso de las estaciones,
y el cuadro de la mujer arrodillada continuó marcando la puerta hacia el jardín
y los relatos. Nuo y Shui armaron sus propias familias pero nunca
interrumpieron las visitas ni el desarrollo de esta secreta ceremonia.
Laan ya estaba muy anciana y su salud se había
debilitado. Su carácter fuerte ahora sólo era visible en la convicción de sus
ideas. Por fuera se la veía débil y, con el paso del tiempo, su estado iba
empeorando. Nuo y Shui continuaban visitándola para cuidarla y atenderla. Ahora
eran ellas las que le cepillaban el cabello y ocupaban sus tardes con cuentos y
relatos. Mao había muerto y nuevos aires empezaban a respirarse.
La tarde en que ambas nietas se enteraron que
la abuela había fallecido fueron a su casa donde la familia había decidido
realizar la ceremonia de despedida y cumplir con su deseo de ser enterrada
junto al cerezo que ocupaba el fondo del jardín.
Así fue que, en el momento en que despedían a
su abuela, hallaron el cofre que contenía los libros guardados cuidadosamente
por ella. Al abrirlo encontraron con sorpresa cada una de las historias que su
abuela les había narrado. Les alcanzaba con cerrar los ojos para escuchar su
voz.
Nuo y Shui cortaron y llevaron una rama del
cerezo a sus casas para plantar y tener sus propios cerezos en el jardín.
También decidieron hacer una copia del cuadro para tener uno cada una, colgados
en sus salas.
Cada vez que una de ellas miraba la imagen, veía una mujer virtuosa y refinada, de carácter fuerte, modales dulces y tranquilos, que contenía en su alma y en su mente las ideas que nadie podría, aunque quisiera, quitárselas.
Cada vez que una de ellas miraba la imagen, veía una mujer virtuosa y refinada, de carácter fuerte, modales dulces y tranquilos, que contenía en su alma y en su mente las ideas que nadie podría, aunque quisiera, quitárselas.
Valoración
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2
puntos
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1
punto
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0
puntos
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Total
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Ideas y contenido
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Hay ideas potentes y un mensaje claro, enriquecido con detalles que
no solo aportan información sino también atraen al lector y lo invitan a una
lectura sensible.
El contenido resulta personal y se reconoce en él un intento de
originalidad.
Es clara y significativa la relación con la imagen que lo origina.
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Hay ideas potentes y un mensaje claro, sin embargo, los detalles solo
aportan información y no atraen al
lector ni lo invitan a una lectura sensible.
El contenido resulta poco personal y no se reconoce en él un intento
de originalidad.
Es clara y significativa la relación con la imagen que lo origina.
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Hay ideas contradictorias o sin desarrollar y el mensaje no es claro.
Los detalles solo aportan información y no
atraen al lector ni lo invitan a una lectura sensible.
El contenido resulta poco personal y no se reconoce en él un intento
de originalidad.
La relación con la imagen que lo origina no es significativa o es
inexistente.
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1.50
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Organización
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La estructura interna del texto escrito, el hilo que conduce el
significado central, el encadenamiento de
las ideas y los hechos se suceden lógicamente y la información se da
en las dosis correctas y en el momento adecuado para que quien lee el texto
nunca pierde interés. Las conexiones son fuertes, es decir que los puentes de una idea a la
siguiente son coherentes. El texto se cierra con un sentido de la resolución,
atando cabos sueltos, para un cierre
satisfactorio,
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La estructura interna del texto escrito, el hilo que conduce el
significado central, el encadenamiento de
las ideas y los hechos no
siempre se suceden lógicamente. Hay información innecesaria o se
sobreentiende información, de modo que
quien lee el texto pierde interés. Las
conexiones no son fuertes, es decir
que los puentes de una idea a la siguiente no siempre son coherentes. El
texto se cierra con un sentido de la resolución, atando cabos sueltos, para un cierre satisfactorio,
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La estructura interna del texto escrito, el hilo que conduce el
significado central, el encadenamiento de
las ideas y los hechos no se suceden lógicamente. Hay información
innecesaria o se sobreentiende información, de modo que quien lee el texto pierde interés. Las conexiones no son
fuertes, es decir que los puentes de
una idea a la siguiente no siempre son coherentes. El texto se cierra sin un sentido
de la resolución, dejando cabos sueltos.
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1.50
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Voz:
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Logra construir una voz y un tono creíbles.
El punto de vista y la focalización son los adecuados.
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No logra construir una voz y un tono creíbles.
El punto de vista y la focalización son los adecuados.
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No logra construir una voz y un tono creíbles.
El punto de vista y la focalización no son los adecuados.
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2
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Elección de las palabras:
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La elección de las palabras exhibe el uso de un lenguaje y vocabulario
rico y preciso, que emociona y hace
pensar a quien lee el texto. No sólo se comunica de una manera funcional, sino
de un modo que conmueve.
Hay comprensión del uso particular del lenguaje que hace la ficción,
pues incluye algunos recursos y artificios literarios.
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La elección de las palabras exhibe el uso de un lenguaje y vocabulario
correcto pero que no emociona ni hace
pensar a quien lee el texto. Sólo se comunica de una manera funcional.
No hay comprensión del uso particular del lenguaje que hace la
ficción, pues no incluye algunos
recursos y artificios literarios.
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La elección de las palabras exhibe el uso de un lenguaje y vocabulario
escaso y repetitivo, a veces, erróneo. Se limita a un uso literal que no emociona ni hace pensar a quien lee el texto. Sólo se intenta
comunicar de una manera funcional, aunque no siempre se logra.
No hay comprensión del uso particular del lenguaje que hace la
ficción, pues no incluye algunos
recursos y artificios literarios.
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2
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Convenciones
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El texto se ha corregido y editado con cuidado, pues no presenta
errores en ortografía, párrafos, usos gramaticales, puntuación y mayúsculas.
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El texto se ha corregido y editado con relativo cuidado, pues
presenta algunos errores en ortografía, párrafos, usos gramaticales,
puntuación y mayúsculas.
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El texto no se ha corregido y editado con cuidado, pues presenta errores en ortografía, párrafos,
usos gramaticales, puntuación y mayúsculas.
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2
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Calificación Definitiva
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9
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Elaborás un muy buen relato que cuenta una historia clara
y con pasajes conmovedores. Sin embargo, lo que
hace ruido es que resulta imposible reconocerte y reconocer tu estilo en el
discurso; además es muy brusco el cambio en relación con escritos anteriores.

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