martes, 9 de agosto de 2016

"La flor del cerezo" Rosario Laurito

     Laan era una mujer de carácter fuerte, pero de modales dulces y tranquilos. De joven su curiosidad la había llevado a leer gran cantidad de libros que conservaba en su memoria casi con registro fotográfico. Así es que muchas de las frases y los diálogos de los personajes que aparecían en cada una de las historias, podía reproducirlos textualmente. En esos fragmentos encontraba libertad para pensar y construir sus propias ideas acerca del mundo. Debe ser por eso que cuando le tocó vivir los tiempos de opresión, cuando Mao había prohibido toda lectura que fuera diferente al Libro Rojo, una de sus más grandes preocupaciones era que sus nietas, Nuo y Shui, no tuvieran acceso a la belleza de todos esos textos. Sabiendo que ya no eran objetos que pudieran conservarse en la casa porque resultaba peligroso, un día decidió envolverlos cuidadosamente protegidos por un plástico y guardarlos en un cofre de madera que luego enterró bajo las raíces del cerezo que ocupaba el fondo del jardín de su casa. Al regresar a la sala se sentó a mirar el cerezo por la ventana. Por un momento se le ocurrió la loca idea de que los personajes y las historias podrían entrar por las raíces, trepar por el tronco y acomodarse en las flores rosas que adornaban la copa del árbol cada primavera. En el interior de la casa, volvió a ver la realidad y sus ojos se cruzaron con un cuadro que colgaba en la pared. La lámina reproducía la imagen de una mujer virtuosa y refinada, obediente y silenciosa. Tal como se esperaba que fuera una mujer en esa época, ocupada principalmente de los asuntos familiares. Una mujer sentada en un banco de piedra con un libro en sus manos. Se imaginó por un momento todo lo que esa mujer, más allá de su aspecto exterior, podía contener en su alma y en su mente. Todo lo que ese libro podía transmitirle. Todas las ideas que, a partir de lo que veía en ese papel, se le armaban en su cabeza y que nadie podría, aunque quisiera, quitárselas. En ese momento, con esa mezcla de ideas, imágenes y sensaciones se le ocurrió una salida para resolver su preocupación.
     Todas las tardes, Nuo y Shui, disfrutaban visitando a su abuela y compartiendo largos ratos de conversación en el jardín. Así también la abuela les transmitía enseñanzas para ser buenas niñas, cosas que ellas recibían con mucha alegría y afecto. Les gustaba, por ejemplo, que les cepillara el cabello y armara peinados con pequeñas flores que los hacían ver aún más bonitos.
     De manera cómplice se pusieron de acuerdo en guardar este secreto: cada tarde que llegaban a la casa de la abuela y encontraban el cuadro colgado sobre la puerta que daba al jardín, se dirigían debajo del cerezo. Allí la abuela las esperaba y ellas se sentaban cómodas a su lado sobre unos almohadones que colocaban en el piso.
      En esos ratos Laan comenzaba a relatarles los cuentos, las largas historias o las aventuras vividas por todos los personajes que guardaba en su cabeza. Les contaba con detalles, describiendo escenarios, deteniéndose en las características personales y poniendo más entusiasmo todavía en la narración de los conflictos que enfrentaban todas esas personas. Generalmente, cuando la historia se terminaba, las tres mujeres se quedaban bajo el árbol comentando los relatos y los sentimientos de los hombres y mujeres que los habían vivido, mientras la abuela peinaba a sus dos nietas y les adornaba la cabeza con las flores rosas que retiraba del cerezo.
     Esa escena se reprodujo una y otra vez, tarde tras tarde, cuento más cuento, mientras las niñas iban creciendo en edad, en tamaño, en imaginación y en ideas de libertad que se fueron desarrollando debajo de esas flores de cerezo, en sus mentes jóvenes. 
     Los años pasaron, las niñas se convirtieron en mujeres, el cerezo floreció y se marchitó siguiendo el paso de las estaciones, y el cuadro de la mujer arrodillada continuó marcando la puerta hacia el jardín y los relatos. Nuo y Shui armaron sus propias familias pero nunca interrumpieron las visitas ni el desarrollo de esta secreta ceremonia.
      Laan ya estaba muy anciana y su salud se había debilitado. Su carácter fuerte ahora sólo era visible en la convicción de sus ideas. Por fuera se la veía débil y, con el paso del tiempo, su estado iba empeorando. Nuo y Shui continuaban visitándola para cuidarla y atenderla. Ahora eran ellas las que le cepillaban el cabello y ocupaban sus tardes con cuentos y relatos. Mao había muerto y nuevos aires empezaban a respirarse.
       La tarde en que ambas nietas se enteraron que la abuela había fallecido fueron a su casa donde la familia había decidido realizar la ceremonia de despedida y cumplir con su deseo de ser enterrada junto al cerezo que ocupaba el fondo del jardín.
      Así fue que, en el momento en que despedían a su abuela, hallaron el cofre que contenía los libros guardados cuidadosamente por ella. Al abrirlo encontraron con sorpresa cada una de las historias que su abuela les había narrado. Les alcanzaba con cerrar los ojos para escuchar su voz.
      Nuo y Shui cortaron y llevaron una rama del cerezo a sus casas para plantar y tener sus propios cerezos en el jardín. También decidieron hacer una copia del cuadro para tener uno cada una, colgados en sus salas.
     Cada vez que una de ellas miraba la imagen, veía una mujer virtuosa y refinada, de carácter fuerte, modales dulces y tranquilos, que contenía en su alma y en su mente las ideas que nadie podría, aunque quisiera, quitárselas.




Valoración
2 puntos
1 punto
0 puntos
Total
Ideas y contenido
Hay ideas potentes y un mensaje claro, enriquecido con detalles que no solo aportan información sino también atraen al lector y lo invitan a una lectura sensible.
El contenido resulta personal y se reconoce en él un intento de originalidad.
Es clara y significativa la relación con la imagen que lo origina.
Hay ideas potentes y un mensaje claro, sin embargo, los detalles solo aportan información y no  atraen al lector ni lo invitan a una lectura sensible.
El contenido resulta poco personal y no se reconoce en él un intento de originalidad.
Es clara y significativa la relación con la imagen que lo origina.
Hay ideas contradictorias o sin desarrollar y el mensaje no es claro. Los detalles solo aportan información y no  atraen al lector ni lo invitan a una lectura sensible.
El contenido resulta poco personal y no se reconoce en él un intento de originalidad.
La relación con la imagen que lo origina no es significativa o es inexistente.
1.50
Organización
La estructura interna del texto escrito, el hilo que conduce el significado central, el encadenamiento de  las ideas y los hechos se suceden lógicamente y la información se da en las dosis correctas y en el momento adecuado para que quien lee el texto nunca pierde interés. Las conexiones son fuertes,  es decir que los puentes de una idea a la siguiente son coherentes. El texto se cierra con un sentido de la resolución, atando cabos sueltos,  para un cierre satisfactorio,
La estructura interna del texto escrito, el hilo que conduce el significado central, el encadenamiento de  las ideas y los hechos  no siempre se suceden lógicamente. Hay información innecesaria o se sobreentiende información, de modo  que quien lee el texto  pierde interés. Las conexiones no son fuertes,  es decir que los puentes de una idea a la siguiente no siempre son coherentes. El texto se cierra con un sentido de la resolución, atando cabos sueltos,  para un cierre satisfactorio,
La estructura interna del texto escrito, el hilo que conduce el significado central, el encadenamiento de  las ideas y los hechos  no  se suceden lógicamente. Hay información innecesaria o se sobreentiende información, de modo  que quien lee el texto  pierde interés. Las conexiones no son fuertes,  es decir que los puentes de una idea a la siguiente no siempre son coherentes. El texto se cierra sin un sentido de la resolución, dejando cabos sueltos.
1.50
Voz: 

Logra construir una voz y un tono creíbles.
El punto de vista y la focalización son los adecuados.
No logra construir una voz y un tono creíbles.
El punto de vista y la focalización son los adecuados.
No logra construir una voz y un tono creíbles.
El punto de vista y la focalización no son los adecuados.
2
Elección de las palabras:

La elección de las palabras exhibe el uso de un lenguaje y vocabulario rico  y preciso, que emociona y hace pensar a quien lee el texto. No sólo se comunica de una manera funcional, sino de un modo que conmueve.
Hay comprensión del uso particular del lenguaje que hace la ficción, pues incluye algunos recursos y artificios literarios.
La elección de las palabras exhibe el uso de un lenguaje y vocabulario correcto pero que no emociona ni  hace pensar a quien lee el texto. Sólo se comunica de una manera funcional.
No hay comprensión del uso particular del lenguaje que hace la ficción, pues no  incluye algunos recursos y artificios literarios.
La elección de las palabras exhibe el uso de un lenguaje y vocabulario escaso y repetitivo, a veces, erróneo. Se limita a un uso literal que  no emociona ni  hace pensar a quien lee el texto. Sólo se intenta comunicar de una manera funcional, aunque no siempre se logra.
No hay comprensión del uso particular del lenguaje que hace la ficción, pues no  incluye algunos recursos y artificios literarios.
2
Convenciones
El texto se ha corregido y editado con cuidado, pues no presenta errores en ortografía, párrafos, usos gramaticales, puntuación y mayúsculas.
El texto se ha corregido y editado con relativo cuidado, pues presenta algunos errores en ortografía, párrafos, usos gramaticales, puntuación y mayúsculas.
El texto no se ha corregido y editado con cuidado, pues  presenta errores en ortografía, párrafos, usos gramaticales, puntuación y mayúsculas.
2
Calificación Definitiva



9

Elaborás un muy buen relato que cuenta una historia clara y con pasajes conmovedores. Sin embargo, lo que hace ruido es que resulta imposible reconocerte y reconocer tu estilo en el discurso; además es muy brusco el cambio en relación con escritos anteriores. 

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